viernes 22 de octubre de 2021 - Edición Nº1052

Opinión | 14 oct 2021

Opinión, por Néstor Nélida

En Silencio y sin Libertad

"No fomentar el trabajo es aniquilar la posibilidad de decidir sobre la vida de uno; no existe una actividad más liberadora que el trabajo en ningún sistema creado por el hombre"


La vida vale apenas unos doblones -“la moneda del pirata”-en Argentina. En las apiñadas urbes del Conurbano bonaerense se mata, con la sobriedad del cuchillo o la cobardía del plomo, por objetos tan efímeros como un par de zapatillas o un teléfono celular. La inacción, el desinterés y el oportunismo etiquetaron la cabeza de los ciudadanos con el precio en oferta. Salir a trabajar, a estudiar o a comprar comida (ahora, después de más de un año de encierro decretado) es muy parecido a estar exhibido en una góndola de supermercado con la leyenda “2x1”, “precios cuidados”, “rebaja”. 

Las causas de esa depreciación del valor de respirar con normalidad son muchas; todas vinculadas entre sí. Nombremos algunas: pobreza, culto a la vida marginal, suelta de presos, Justicia acomodaticia, educación en el fondo de la olla, guerra a la meritocracia, repudio a la democracia y el republicanismo, proliferación del narcotráfico.

El Plan Pobrista

En Argentina se toma como noticia positiva el aumento de los Planes Sociales, Asignaciones, y medidas similares que tienen como objetivo “mitigar” la pobreza estructural que afecta a gran parte del país. Titulares de medios tales como “El Estado llegó a 2 millones de Asignaciones Universales por Hijo”, por ejemplo, se festejan desde los búnkeres de la izquierda, de amplios sectores de la Iglesia  y desde los sectores autodenominados progresistas -de los cuales el kirchnerismo es una muestra-. 

¿Es la perpetua dependencia una forma de progreso? Porque eso es un plan social que sostiene a una familia durante años: una cadena diamantina con una férrea pulsera que atrapa el tobillo del destinatario de la cual cuelga un grillete (el Estado). El asistencialismo eterno cercena la libertad del asistido como el hacha afilada del verdugo la cabeza del condenado. 
Más: la libertad comenzó a perderse con el asistencialismo desmedido e incontrolado. 

En contrapartida, el mérito es una herramienta fundamental del camino hacia la libertad. El esfuerzo, también. La capacidad, hoy vuelta un pertrecho satánico, es indispensable para ser libre. Son conceptos ligados entre sí que además confluyen en la guía indispensable que hace libre al ser humano. El trabajo, condición liberadora por excelencia, requiere de las tres. 

"La libertad comenzó a perderse con el asistencialismo desmedido e incontrolado". 

No fomentar el trabajo es aniquilar la posibilidad de decidir sobre la vida de uno; no existe, en ningún sistema creado por el hombre, una actividad más vinculada a la libertad que el trabajo. 

Los relevamientos de pobreza que informó el Indec de manera reciente revelaron que en la Argentina hay 19 millones de personas por debajo de la línea de pobreza y 4,4 millones de personas que son indigentes. Los líderes de la izquierda argentina y los popes sindicalistas, colocados por sí mismos en el conveniente concepto de “pueblo”, nunca trabajaron. Militar, acarrear personas o dar discursos con letra vetusta, poco tiene que ver con la labor remunerada. Si alguno trabajó, fue hace tiempo: ni el recuerdo queda de esos años.

Según datos oficiales, “desde mayo último, la tarjeta Alimentar llega a madres o padres con hijos e hijas de hasta 14 años de edad que reciben la AUH, embarazadas a partir del tercer mes que reciben AUH, personas con discapacidad que reciben AUH y madres con más de 7 hijos, lo que se traduce en 3.885.067 personas, 2.320.183 plásticos y una inversión para este año de casi 185 mil millones”. ¿Está mal la asistencia a personas que la necesitan? De ninguna manera. Lo que está mal es robar, en este caso, el futuro de esas generaciones que viven a través de las dádivas de un Gobierno que las impulsa a ser pobres. El asistencialismo crónico, sin otro programa que fomente el progreso personal, es una prisión de la que es difícil huir.

El Silencio de los no inocentes

En Argentina, hablar de libertad y de todo lo que la rodea se volvió una cuestión prohibida en los recintos académicos. La oralidad progresista confiere una defensa a modo de chapón, de mascarón de proa, para surcar sin contratiempos la marea del repudio izquierdista. ¿Las acciones del emisor? Poco importan. En las universidades también hay silencio. Impuesto o como consecuencia de la autocensura, con toda la fuerza del pensamiento único. 

El silencio de los colegios de psicólogos, de las instituciones médicas en general antes las atrocidades que la cuarentena causó en niños y ancianos; el abrupto giro de la Sociedad Argentina de Pediatría con la vacuna Sinopharm, motivado por estudios que son "secretos"; los colectivos mudos ante las muertes inadmisibles y trágicas de Florencia Magalí Morales (39 años, San Luis), Mauro Coronel (22, Santiago del Estero), Walter Ceferino Nadal (43, Tucumán), Lucas Nahuel Verón (18, La Matanza), Luis Espinoza (31, Tucumán); la burocracia frente al padecimiento de Solange Musse (35) y su familia, de Lara Arreguiz (22) durmiendo en el piso de un hospital de Santa Fe; el despliegue autoritario ante el remero Ariel Suárez o Sara, la mujer que salió a tomar sol al parque sola.

¿Qué dijeron las asociaciones médicas de la carta de la asesora presidencial Cecilia Nicolini, donde escribió “nosotros respondimos siempre haciendo todo lo posible para que Sputnik V sea el mayor éxito, pero Ustedes nos están dejando con muy pocas opciones para continuar peleando por Ustedes y por este proyecto”? ¿Se pronunciaron por la elección absolutamente ideológica de la Sputnik V, una vacuna que avanzó a su Fase 3 en la Argentina sin comunicárselo a la población? ¿Cuál fue el discurso de repudio de laboratorios, colegios de químicos o afines cuando se conoció que “por error” se llevó a cabo un estudio con personas mal vacunadas?

Desde el 20 de marzo de 2020, los profesionales de la salud, si se pronunciaron frente a las políticas desproporcionadas del Gobierno, lo hicieron en un tono bajo. Inaudible. También es el abrumador silencio de las uniones industriales del país y de la UIA luego de los números de la actividad económica revelados por el organismo oficial. Las cifras refieren una caída histórica en el PBI, la actividad económica, la pobreza y el desempleo. 

"En las universidades también hay silencio".

Este miércoles 13 de octubre hubo debate entre los legisladores de la CABA. Por los muertos en cuarentena a manos de la Policía (cientos, a los que se suman los ya mencionados), ellos también hicieron silencio. Acaso lo más triste haya sido la militancia de un importante número de docentes para mantener las Escuelas, Institutos Terciarios y Universidades cerradas, aún ante la evidencia empírica que llegaba de otros países donde no se dejó de educar. A viva voz, hablaron de “genocidio” si se retornaba a las aulas, sin jamás prestar debida atención al exterminio educativo del que fueron parte. 

“La educación superior debe tener por meta crear una comunidad de personas que desarrollen el pensamiento crítico, que busquen la verdad más allá de las barreras de clase, género y nacionalidad, que respeten la diversidad y la humanidad de otros”. En eso creían Sócrates (Atenas, 470 a. C. - 399 a. C), Lucio Anneo Séneca (Roma, 4 a. C. - 65 d. C.) y es lo que plantea la filósofa Martha Nussbaum (New York, 1947-) en su libro “El cultivo de la humanidad”. 

En ese importante texto, Nussbaum concluye: “Es relativamente fácil construir una educación señorial para una élite homogénea. Es mucho más difícil preparar a la gente de orígenes muy diversos para una compleja ciudadanía universal. [...] La gente que nunca ha aprendido a usar la razón y la imaginación para ingresar en un mundo más amplio capaz de acoger distintas culturas, grupos e ideas, se empobrecen personal y políticamente [...]”. La pensadora no se calla y hasta parece que le habla a esta Argentina de instituciones herrumbradas y pensamientos unidimensionales. Vendría bien escucharla y dialogar con ella.

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