martes 27 de septiembre de 2022 - Edición Nº1392

Opinión | 11 ago 2022

Opinión

"Mentir por miedo a desaprobar", por Marina Kienast

Padres de niños y alumnos de secundaria a diario se acercan para contarnos sus alarmantes experiencias. Así fue como entendimos que muchos temen denunciar a la persona que está dentro del aula con ellos durante tantas horas, todos los días, por miedo a represalias


Uno de los roles del docente es brindar a sus alumnos las herramientas para alcanzar un pensamiento crítico y autónomo. El mundo está repleto de personas que quieren decirles qué opinar, el docente no debe ser uno de ellos.

¿Qué pasa cuando los docentes dejan de evaluar a los chicos por sus saberes, sus esfuerzos, su evolución en el ámbito académico? ¿Cuántas veces escuchamos a un estudiante decir que tuvo que hacerse pasar por otra postura ideológica para agradar al profesor o peor, para aprobar un examen? ¿Cuántos casos hay de chicos maltratados o cancelados por sus docentes por expresar su pensamiento acerca de ciertos temas en clase?

Padres de niños y alumnos de secundaria a diario se acercan para contarnos sus alarmantes experiencias. Así fue como entendimos que muchos temen denunciar a la persona que está dentro del aula con ellos durante tantas horas, todos los días, por miedo a represalias. Por esto creemos necesaria la creación de un Sistema de Denuncias Anónimas, tal y como funcionan las denuncias anticorrupción.

El proyecto de ley que presentamos en la Legislatura porteña busca sacar a la luz aquellos casos en los que las asimetrías de poder dentro de la comunidad educativa, deriven en “proselitismo y adoctrinamiento escolar, presiones sindicales ilícitas y abusos de autoridad”. La importancia del anonimato de la denuncia radica en ese desequilibrio de poder, que dificulta en la práctica el derecho de defensa de quienes resultan víctimas de estas conductas, que son nada menos que niños y adolescentes.

El agravio que sufriera el martes 19 de julio último Ricardo López Murphy en la UBA, es un claro reflejo de la intolerancia política y social en constante aumento. Un hecho que debería servirnos de alarma para comenzar a replantearnos cómo hacer para revertir la rotura en el tejido social, promovido por décadas desde múltiples fuerzas.Sobran los ejemplos de adoctrinamiento a lo largo de nuestra historia. Lo peligroso es que lo hemos normalizado al punto de permitirlo en prácticamente todas las instancias educativas. Con la gravedad de que ni siquiera los institutos de formación docente se salvan de estas prácticas que solo buscan ser funcionales a ciertas ideologías, formando milicias adoctrinadoras.

Pero esta situación no tiene como responsable principal solamente al maestro que abusa de su rol para adoctrinar e imponer su ideología en sus estudiantes. La currícula en los niveles de educación primaria y secundaria está sujeta a la bajada de línea del Estado. En la escuela pública el gobierno tiene el monopolio de la información, y a menos que tengas el dinero para acceder a una privada, el alumno estará destinado a aprender durante 12 años los contenidos curriculares de acuerdo a la ideología de turno.

Esta situación no ocurriría si el sistema permitiera que los padres tuvieran injerencia, por medio de variados formatos educativos, en los contenidos de sus hijos. Con este enfoque las editoriales de textos para la escuela primaria y secundaria se asemejarían al mercado de las publicaciones de las universidades, donde los profesores de cada cátedra eligen la bibliografía de una variedad de opciones que representen diferentes supuestos de perspectivas y pedagogía.

Como si esto fuera poco, desde los institutos de formación docente, persiste un modelo que promueve un pensamiento único y no la pluralidad de ideas. Los sindicatos docentes han adoptado históricamente un método de lucha de los sindicatos obreros, abandonando el objetivo de profesionalizar la enseñanza, para ser sujetos de lucha política. A los líderes gremiales poco les importa mejorar la calidad educativa y el desarrollo de los docentes, sus intereses en cambio radican en maximizar la cantidad de afiliados, para así aumentar su influencia y poder. Los docentes que no están de acuerdo con sus lineamientos suelen ser hostigados y sufren amenazas.

Una sociedad libre y responsable es imposible sin ciudadanos que puedan tomar decisiones informadas y desarrollar pensamientos críticos, y para lograrlo, un aspecto clave es la exposición del alumno a diferentes visiones de la historia. Cuando se quita esa posibilidad y la clase se convierte en un discurso unilateral y una bajada de línea directa, sin posibilidades de intervenciones, objeciones y hasta el punto de generar un miedo absurdo a contrariar al docente, se pierde el foco y se pasa a enseñar qué pensar en vez de enseñar a pensar.

El adoctrinamiento dentro de las escuelas y el abuso de poder en la comunidad educativa presentan un problema generalizado que debe solucionarse de manera urgente. Todas las fuerzas políticas deberían estar trabajando para hacerle frente. Nosotros seguimos esperando que el proyecto llegue a debatirse en comisión para analizar con el resto de los espacios esta y otras posibles alternativas a la problemática.

Soy consciente de que la aprobación del proyecto no va a erradicar por sí sola el adoctrinamiento. Pero será una herramienta más para padres y alumnos hacia una educación en libertad. Aprovecharse de la inocencia de los niños es un agravio a las familias argentinas, y quienes fuimos electos para garantizar sus derechos no debemos ignorarlo.

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