viernes 22 de octubre de 2021 - Edición Nº1052

Opinión | 30 sep 2021

Columna por Carlos Fara

PARCHELANDIA

Llevamos 10 días con nuevo gabinete. Hasta acá han seguido el manual al pie de la letra: anuncios por doquier para mostrar reacción, aflojar tensiones innecesarias, insuflar optimismo, ordenar las fuerzas y el discurso, al mismo tiempo que le piden al ministro Guzmán que sea más “manosuelta”. Eso no evitó que después de firmar una tregua siga habiendo algunos tiroteos aislados.


En el corto plazo el efecto no se siente mucho que digamos. Veamos que estamos encontrando en la calle:

  1. el estado de ánimo no cambió;
  2. el gabinete y las medidas no generan expectativas positivas;
  3. el gobierno reacciona porque perdió la elección, sino quizá no lo hubiera hecho;
  4. el resultado electoral no sorprendió dada la malaria imperante;
  5. se cree que el gobierno perdió por la situación económica;
  6. el resultado se va a repetir en la general;
  7. los que no fueron a votar de sector medio bajo o bajo no encuentran mucho incentivo para asistir a votar el 14 de noviembre: el temor a un regreso de Juntos no actúa como un suficiente movilizador o, en otras palabras, es mejor que el gobierno pierda para que se despierte;
  8. la figura del presidente queda más desdibujada después de los conflictos y los cambios de personajes, incrementándose la incidencia de CFK; y
  9. el embarazo de Fabiola es intrascendente

 

 

Con este panorama, se puede deducir que el oficialismo pagó un costo político alto por casi nada de efecto en el electorado que cuenta (el que se quedó en la casa o se fastidió votando a diversas opciones). Pero a no desesperar que aún quedan 6 semanas y en la Argentina todo es posible, sobre todo cuando el juego está abierto.

 

El mundo de la política no le ve muchas posibilidades a Supermanzur de sacar ventaja para una eventual candidatura 2023. Si bien cada personaje y circunstancia son distintas, lo asimilan a la experiencia Capitanich, jefe de gabinete en el último tramo de la segunda presidencia de Cristina. Parecía que llegaba comiéndose los chicos crudos, amenazando la “candidatura natural” de Scioli y terminó tan deslucido como la gestión global.

 

Esta oportunidad es distinta, pero todo tiene una trampita: si le va bien a Manzur, subirá las acciones de todos los accionistas; pero si le va mal, sus acciones personales también se deteriorarán. Es muy difícil salvar la ropa cuando todo se incendia alrededor. En todo caso, el gobernador con licencia debería tener más de un as en la manga para administrar las expectativas populares en las próximas semanas. ¿Cuántos otros anuncios de “platita en el bolsillo” se pueden hacer sin que suene a más de lo mismo? ¿Qué más hace falta? Hace falta mucho más que no implica dinero, pero para lo que no hay ni tiempo, ni plafón político.

 

 

Columna en : https://7miradas.com/parchelandia/

 

En parecida situación está Cristina. El déficit gubernamental y el llamado de atención afectan tanto a Él como a Ella. La carta del jueves 16 no la exculpa ante la opinión pública. Quizá por eso no terminó de apretar el acelerador a fondo: el debilitamiento de Alberto es uno de los factores de la derrota en las PASO. A esto se le suma otro déficit: el de Kicillof como gestionador y como eventual líder. Otra apuesta fallida. “Lo mandaron a la dirección” como los chicos en la escuela. El egresado del Colegio Nacional Buenos Aires tuvo que aceptar el comisariado político de La Cámpora con caras de intendentes.

 

Si a Máximo no le da, Kicillof no rinde lo suficiente y Alberto no tiene mucho futuro ¿cómo será la apuesta 2023 de Cristina? El truco del moderado con poder delegado sale bien una vez, no dos. Mucho menos cuando además la gestión viene desaprobada hace rato. ¿La Argentina volverá a votar a alguien que no tiene el poder real? Uno podría atreverse a afirmar que no, que no importa de qué partido sea el próximo presidente o la próxima presidente, lo más probable es que sea líder consagrado en su espacio. La cultura presidencialista es muy fuerte.

 

Algunos personajes que confiaron en que naciese el “albertismo” están muy decepcionados y con bronca con La Doctora. Si no se pudo “por afuera” y está claro que tampoco se logra pasar a una etapa superadora “por adentro”, ¿hay alguna alternativa estratégica? En eso están pensando algunos cráneos afilados. Demás está decir que todos dan por perdida la elección general del 14 de noviembre. El objetivo será reducir daños, amortiguando los guarismos.

 

El PBI podría crecer este año entre el 6.5 y el 8 %. Sin embargo, la calle no se está enterando de estas “tasas chinas” de recuperación, lo cual puede indicar dos cosas: a) dicha recuperación está muy concentrada y no moviliza mucho la maquinaria del sector de menores ingresos, y/o b) la respuesta no está solo en la mejora de los indicadores objetivos. Sin percepción de mejores expectativas, los consumidores se mantienen amarretes. Por ahora, todo el esfuerzo del oficialismo no alcanza para hacer creer que soplan nuevos vientos.

 

“Parchelandia” es pan para hoy y hambre para mañana. Y esa es la sensación de calle.

 

 

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