domingo 20 de junio de 2021 - Edición Nº928

Opinión | 24 may 2021

Ruido político mata buenas noticias

Por: Carlos Fara.


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¿Argentina está peor que el mundo en materia de pandemia? Depende cómo se lo observe. En muertos respecto a la cantidad de contagios, el mundo tiene 2 %, nosotros 2.1. En curados respecto a los contagios, el mundo tiene 88 %, nosotros 89. ¿Dónde está el problema? En que en a nivel planetario se habría infectado el 2,1 % de la población, mientras que nosotros llevamos el 7,5. ¿Deben ser mucho más? Sí, en todo el mundo se supone lo mismo, lo cual haría bajar la proporcionalidad de casos fatales. En cuanto a muertos por millón de habitantes estamos en el puesto 25, contabilizando desde que empezó la pandemia. “Pero la progresión es preocupante”: también es verdad, en una región cuya infección promedio está muy alta en proporción a la cantidad de habitantes dentro del planeta. No somos los mejores, en un barrio que tampoco anda bien.

Al momento que se escriben estas líneas, el 18 % de la población nacional ya tiene aplicada al menos una dosis. Es decir que casi uno de cada 5 de nosotros fue vacunado, y a esta altura todos seguro conocemos a más de un@ que ya le hicieron una aplicación. Si se compara la cantidad de dosis locales contra América del Sur, estamos en el promedio, una vez más.

Argentina está creciendo respecto al año pasado, con una inflación más alta. Es cierto que comparado con un parámetro más bajo de actividad. Las cuentas fiscales son mejores que hace doce meses. El viento de cola mundial está haciendo un servicio envidiable. Como nos sobran los dólares, podemos suspender la exportación de carnes.

Si el país se está recuperando y la vacunación marcha lenta, pero marcha, ¿por qué la gestión presidencial no recupera aprobación? Esta pregunta pone a prueba dos hipótesis: 1) lo único que le importa a la gente es cómo le va a su bolsillo, y 2) la vacunación le va a traer más votos al gobierno. Como es muy temprano para aventurar pronósticos electorales, veremos cuando la oferta esté definida y la ciudadanía esté en etapa más caliente. De ahora al comicio de octubre faltan “escasos” 6 meses. Una eternidad en la Argentina.

Primer tema: la economía. Mejora económica favorece, sin duda. La cuestión es cómo es esa recuperación cualitativamente. Con menos empleo e ingresos deteriorados, el divorcio entre las estadísticas globales y la sensación de calle puede ser pronunciado. De modo que por el momento actúa más como un amortiguador que como un ascensor.

Segundo tema: las vacunas. La expectativa es moderada: la mayoría cree que más tarde o más temprano llegará a toda la población. Pero como estamos en la Argentina, lo llamativo resulta que llegase pronto (y más llamativo aún hubiese sido que no haya un vacunatorio VIP). Cierta resignación nacional tiñe a la opinión pública. Más gente con dosis, mejora la percepción. Sin embargo, con el pasar de los meses la vacuna puede ser un lugar común y así tendría menos efecto positivo pro oficialismo. Más aún si pese una exitosa inoculación, la curva de contagios no responda a lo esperado, obligando a no aflojar las restricciones. Otra vez aparece el efecto amortiguador: mejor más vacunados, pero eso no resuelve la cuestión de fondo.

¿Por qué el presidente no puede facturar políticamente estas dos cuestiones? Cuando hay buena noticias y eso no redunda en imagen presidencial, es porque el ruido del contexto las tapa. Dicho en términos maradoneanos: ruido político mata buenas noticias. Esta situación es un buen indicador de la complejidad de los fenómenos de opinión pública contemporáneos. La caja de resonancia es menos lineal y tiene muchos rebotes impredecibles.

No importa cuánto nivel de conflicto haya entre Alberto y Cristina, ni cuánta verdad haya respecto a la no salida del funcionario Basualdo, o cuánta desconfianza esté despertando Guzmán en La Cámpora. Lo cierto es que el presidente luce falto de liderazgo, de carácter, de temple, de firmeza. Por supuesto que pueden influir los medios “opositores” en el clima general. Sin embargo, no debe olvidarse que 1) los públicos son selectivos: buscan la información que confirme sus presunciones, en un ida y vuelta complicado; y 2) más allá de lo que digan los medios, el circulo politizado toma nota de muchos detalles que no siempre salen a la luz. Ergo: la cuestión del desgaste y falta de conducción están instalados.

¿La gira europea lo ayudó? De vuelta, siempre es mejor gira con fotos y declaraciones convenientes, que ni gira, ni foto, ni apoyos formales. Pero ya sabemos que Alberto está atrapado por varias encrucijadas, algunas que “le cayeron como peludo de regalo”, y otras que solo contribuyó a profundizarlas, innecesariamente. Como las regulaciones a los productos estrella de exportación. Tanto que hasta el gobernador de Santa Fe lo retrucó con el tema carnes. Una muestra de que todo tiene un límite.

Moraleja: cuando se trata de comunicación de gobierno hay que transmitir tanto las buenas noticias como los atributos del liderazgo, porque existe un proceso de ósmosis entre ambas. Si el presidente parece dinámico, firme y honesto, la mayoría social tenderá a pensar que la gestión también lo es. Diría Lakoff: hay que poner el marco.

Alberto parece no tener ni el marco, ni los clavos para fijarlo.

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