domingo 25 de octubre de 2020 - Edición Nº690

Opinión | 7 oct 2020

Cuarentena eterna

El segundo bicentenario de la era K es una pandemia social

“En todos los indicadores referentes al impacto del COVID-19 en la población, menos en la estadística que registra la cantidad de testeos per capita, Argentina se ubica en el top 12 de países”


El 20 de marzo de 2020, luego de meses en los que el COVID-19 -enfermedad producida por el SARS-CoV-2, un agente infeccioso de origen chino- causó estragos en Asia y Europa, el tercer gobierno kirchnerista sucumbió a la presión social y decretó el inicio del “aislamiento social, preventivo y obligatorio”. El primer brote de la enfermedad se detectó en Wuhan, un distrito de China central, en diciembre de 2019. Antes de que culmine la primera semana de enero ya había viajado a Japón y Tailandia; ese mes lo detectaron en Europa y el día 30 la Organización Mundial de la Salud la declaró “una emergencia sanitaria de preocupación internacional”. Por ese entonces, a decir del Gobierno Nacional, China “estaba lejos”. 

El ASPO fue anunciado en principio como una cuarentena destinada a cortar la circulación del coronavirus, que ya había ingresado al país desde el exterior debido a la inexistente regulación en aeropuertos y fronteras. 

Estas líneas se redactan el 6 de octubre, fecha en la que se cumplen 200 jornadas de confinamiento. En todos los indicadores referentes al impacto del COVID-19 en la población, menos en la estadística que registra la cantidad de testeos per capita, Argentina se ubica en el top 12 de países. Mayor cantidad de fallecidos por millón de habitantes, de muertos en cantidad, de infectados, de porcentaje en la tasa de positividad de casos. Mientras eso ocurre, el oficialismo impulsa un ataque feroz a las instituciones y una campaña competitiva contra las medidas sanitarias de la Ciudad de Buenos Aires. 

"Ante ese aluvión imparable de datos, las filminas del profesor Alberto Fernández quedaron olvidadas en el arcón de los fracasos"

¿Cómo dejamos los argentinos que nos encierren durante 200 días? ¿Cómo permitimos los retenes en los accesos a localidades, las detenciones ilegales en rutas y caminos? ¿Por qué aceptamos que el aparato estatal fuera responsable del asesinato o la desaparición casi sin consecuencias de ciudadanos libres e inocentes? ¿Qué nos llevó a reaccionar tarde ante el atropello de acumular más de seis meses sin clases en escuelas, universidades, establecimientos terciarios de la educación? ¿Con qué sentido permitimos el ultraje a la Justicia? Estas preguntas a las que no encuentro respuestas satisfactorias por el momento, no incluyen una calamidad que -a diferencia de lo que el Gobierno utiliza como método discursivo- es consecuencia de la cuarentena y no de la enfermedad: el derrumbe pandémico de la economía. 

Son históricas las caídas del producto bruto interno, de la actividad económica; inmensurable el cierre de comercios y PyMEs y el número de personas desempleadas. Ante ese aluvión imparable de datos, las filminas del profesor Alberto Fernández quedaron olvidadas en el arcón de los fracasos. 

Este bicentenario nefasto tiene su forzada (por quien escribe) correlación en el aniversario de la Independencia nacional, la “Revolución de Mayo”, un mito que todavía se enseña como verdad impertérrita en el ámbito académico. En 2009, la entonces presidente Cristina Elisabet Fernández creó la Unidad del Bicentenario, una cueva de Alí Babá destinada a preparar los actos conmemorativos pertinentes que entró en funciones al año siguiente. En su afán de apropiarse de lo ajeno, lo que no le pertenece, el peronismo -devenido en una de sus tantas camaleónicas representaciones- adelantó los festejos. Con el frenesí de los violines que anuncian el crudo invierno o la feroz y melancólica tormenta del verano en Las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi, la mesnada kirchnerista se apuró a celebrar una fecha que se cumpliría recién terminado su reinado, en 2016. Durante ese lustro (2010-2015), consumieron con avidez 1085 millones de pesos en eventos partidarios y funciones ¿artísticas? desarrolladas en Tecnópolis. 

"La economía, tambaleante desde hace tiempo, ha sufrido una estocada mortal"

Claro, era la excusa ideal para engrosar las arcas propias. 

En estos 200 días la depredación fue otra y la misma. La economía, tambaleante desde hace tiempo, ha sufrido una estocada mortal. El empleo en el sector privado descendió de forma estrepitosa al tiempo que los nombramientos estatales se mantuvieron a la orden del día. 

Expuesta esta realidad, debo aclarar que me sabe peor el irremediable daño que le causaron a la sociedad, tanto educativo como psicológico. En el mundo murieron 1,044,490 personas, de las cuales 21,468 son compatriotas. Esta es la actualidad, pura y dura. Dramática y asible. Inciertos, en cambio, son los futuros del país, el inmediato y el de los próximos años. 
Esta pandemia social, este rizoma de errores perennes en el que nos enterró el Gobierno, germinará en una catástrofe peor que la de la enfermedad virósica. Nosotros lo permitimos. 

OPINÁ, DEJÁ TU COMENTARIO:
Notas Relacionadas
Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias