lunes 19 de octubre de 2020 - Edición Nº684

Opinión | 30 sep 2020

Pobreza y pandemia

La marginalidad en las orillas de un país sin futuro

"El hacinamiento en viviendas precarias, la falta de higiene, el agua insalubre, el exceso de harinas en la alimentación, la inseguridad, la falta de una perspectiva laboral, el nulo interés por el futuro; son propiedades inherentes de este ecosistema que es excluido y a la vez se autoexcluye del sistema"


La marginalidad mata. Ligada sempiternamente a la pobreza estructural, y ésta al hambre y a la inexistencia de servicios públicos básicos, se configura como la forma más cruel de exclusión social porque anula casi por completo la reinserción. Esta es una realidad que se observa con relativa sencillez: basta con salir unos metros del casco de cualquier metrópoli del país y recorrer las periferias, las “orillas”, donde la droga corre por las calles de tierra a la par de la podredumbre que se agita en las zanjas.  

El hacinamiento en viviendas precarias, la falta de higiene, el agua insalubre, el exceso de harinas en la alimentación, la inseguridad, la falta de una perspectiva laboral, el nulo interés por el futuro; son propiedades inherentes de este ecosistema que es excluido y a la vez se autoexcluye del sistema. Por supuesto, generalizar no es la forma correcta de abordar un problema, y habrá casos de personas que pudieron salir de ese mundo y progresar. Son los menos y con mucha diferencia.

El conurbano bonaerense está poblado de este tipo de villas miseria, y también las ciudades que circundan ese área mal llamada “AMBA”

El conurbano bonaerense está poblado de este tipo de villas miseria, y también las ciudades que circundan ese área mal llamada “AMBA”, como La Plata y Berisso, donde las casillas construidas con madera y bolsas de consorcio conviven con la muerte y el anonimato. A juzgar por la información oficial, la presencia del COVID-19 allí es un misterio. La presencia oficial fue de clausura, como ocurrió en el barrio José Luis Cabezas de Ensenada, o en Villa Itatí, Quilmes.

No es casualidad que, en estos sectores, el aislamiento obligatorio no se haya tenido en cuenta ni siquiera desde el anuncio del 20 de marzo último. En grandes secciones de José Camilo Paz, Quilmes, Lomas de Zamora, La Matanza, San Justo, Ezeiza, Florencio Varela, Temperley, Avellaneda, Berazategui, y de provincias como Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Santa Cruz, Catamarca; por mencionar apenas un puñado, tampoco. En esos territorios, señoríos feudales desde hace tiempo, los controles no existen porque no dan votos. Hay que tener en cuenta que la densidad poblacional de algunos de los distritos de esta breve e incompleta lista, los vuelve lugares propensos para la propagación de cualquier enfermedad infecciosa.

El desinterés y la desidia política son responsables directos de esta realidad cruenta. Los muertos mueren en el olvido, ocultos de la cifra oficial porque el Estado (de cuerpo ausente) ni siquiera sabe que existen. O lo sabe y prefiere los discursos que tratan los temas “macro” del país. Ante el creciente éxodo de la clase productiva, que paga los impuestos de los cuales la administración gubernamental se nutre, ingresar en las zonas descritas para realizar un trabajo transformador debiera ser prioridad. 

Y, se sabe, en Argentina los proyectos del mediano y largo plazo se consideran políticamente irrelevantes, hasta nocivos

Por supuesto que esa metamorfosis, de ser alcanzada, llevaría años. La educación de la sociedad es una inversión segura, que sí o sí aportará ganancias a futuro. Y, se sabe, en Argentina los proyectos del mediano y largo plazo se consideran políticamente irrelevantes, hasta nocivos. Un paradigma de esta afirmación es la ausencia de escuelas abiertas durante casi la totalidad del 2020; situación que, a juzgar por la palabra del ministro de Educación de la Nación, se vislumbra oscura también para el año entrante.

En la década del noventa, Beatriz Sarlo puso de moda en los círculos académicos la palabra “orillero” para referirse a la obra de Jorge Luis Borges. Estudiosa integral de los textos del autor argentino, Sarlo utilizaba el vocablo para resaltar una característica que ella le atribuía a sus escritos. «Borges trabajó con todos los sentidos de la palabra "orillas" (margen, filo, límite, costa, playa) para construir un ideologema que definió en la década del veinte y reapareció, hasta el final, en muchos de sus relatos», detallaba en “Borges, un escritor en las orillas”.

Por supuesto, el ex profesor de Literatura Inglesa en la Universidad de Buenos Aires lejos estaba de ser un marginal. Sí los supo representar en sus cuentos a través de cuchillos y pulperías; si bien éstos son muy diferentes a los que hoy sobreviven entre el follaje urbano. Apenas queda el arma blanca, la faca, como una de las características prominentes de las figuras que hoy tendrían que estar en el radar social de la postpandemia. 

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