El periódico económico Financial Times analizó el crecimiento del endeudamiento en Argentina a través del caso de Jonatan Verón, un chofer de Uber de La Plata. A comienzos de 2025, Verón solicitó un préstamo bancario de 1.300 dólares para reparar el motor de su vehículo. La brecha entre sus ingresos y el costo de vida, sumada a un crédito de 330 dólares con un prestamista informal al 300% de interés para cambiar un neumático, derivó en una deuda acumulada superior a los 11.000 dólares entre familiares, proveedores y entidades financieras.
Datos de la consultora Equilibra citados por el medio británico señalan que 5,8 millones de personas —casi uno de cada tres prestatarios en el país— registran atrasos en sus pagos. La problemática se vincula a que la reducción de la inflación (que pasó del 289% a comienzos de 2024 al 34% actual) eliminó la depreciación de las cuotas en términos reales, en combinación con tasas de interés positivas y la quita de subsidios a los servicios públicos y el transporte.
Desde el Poder Ejecutivo descartaron que la situación constituya una crisis. El Gobierno sostuvo que los atrasos mostraron una desaceleración en junio y argumentó que el financiamiento al sector privado representa el 12% del PIB. Asimismo, el presidente Javier Milei calificó la morosidad como un asunto entre privados y descartó rescates estatales, mientras que el ministro de Economía, Luis Caputo, impulsa medidas para flexibilizar el crédito y promover refinanciaciones privadas.
Analistas económicos y dirigentes sociales señalan las consecuencias del fenómeno. Consultoras indican que la morosidad y las tasas aplicadas —que en el sector fintech alcanzan un 32% de incumplimiento— limitan el crédito como vía de estimulación del consumo. En paralelo, el reclamo se trasladó a manifestaciones sindicales y cuestionamientos de la oposición, enmarcando el endeudamiento dentro de los debates sobre el rumbo económico.