La debilidad del consumo interno, motor de la actividad económica, encuentra su explicación técnica en las planillas del INDEC y del Ministerio de Capital Humano. Según los últimos registros, la inflación de marzo fue del 3,4%, mientras que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) apenas avanzó un 2,4%. Esta diferencia de un punto porcentual en un solo mes certifica que, lejos de la recuperación en "V" prometida, el bolsillo de los trabajadores sigue perdiendo terreno.
La tendencia se agrava al observar el acumulado del primer trimestre de 2026. Con una inflación del 9,4% frente a una evolución salarial del 8,6%, el "sueldo disponible" de las familias se ha visto drásticamente reducido tras el pago de obligaciones básicas.
El debate técnico sobre el RIPTE
Aunque el Gobierno cuestiona la representatividad del RIPTE por considerar solo salarios con antigüedad mayor a 13 meses y componentes remunerativos hasta el tope imponible, la estadística funciona como un termómetro ineludible de la clase media asalariada. Esta caída es concordante con otros indicadores de crisis que venimos analizando:
Endeudamiento: Según ARESCO, el 67% de los hogares recurre al crédito para cubrir gastos corrientes ante la insuficiencia salarial.
Morosidad: El desplome del poder de compra explica que el 27,5% de las carteras de préstamos de billeteras virtuales ya se encuentre en situación irregular (EcoGo).
Impacto en la economía real
La escasez de recursos no es solo un problema doméstico; es el lastre que frena a la industria y al comercio. El informe del CESO ya advertía sobre una caída del 9% en la industria orientada al mercado interno, contrastando con el dinamismo de los sectores exportadores. Sin una recuperación real de los ingresos, el círculo virtuoso del consumo permanece bloqueado.
Este escenario alimenta el clima de pesimismo detectado por Ipsos, donde el 71% de los argentinos considera que el país va por el "camino equivocado". La "esperanza" que mencionaba el informe de Giacobbe como sostén emocional del Gobierno empieza a verse erosionada por la frialdad de los números: cuando los salarios pierden sistemáticamente contra los precios, la paciencia social se reduce a su mínima expresión.
En conclusión, el desafío del segundo trimestre de 2026 será lograr que las paritarias finalmente le ganen a la inflación. De lo contrario, el enfriamiento del consumo podría profundizar el cierre de empresas y la pérdida de puestos de trabajo, alejando definitivamente la posibilidad de una mejora en las expectativas de futuro.