viernes 17 de abril de 2026 - Edición Nº2690

Voces | 17 abr 2026

Columna

Manual básico de supervivencia política: no escupir para arriba (aunque tengas buena puntería).

11:20 |


En la política argentina hay dos certezas universales: la primera, que nadie resiste un archivo; la segunda, que aun sabiendo esto… igual lo intentan.

Existe una extraña vocación autodestructiva en algunos dirigentes que, estando “más sucios que una papa” —como bien decimos por estas tierras—, deciden subirse al púlpito de la moral pública con una seguridad digna de estudio clínico. No es valentía. No es convicción. Es, en el mejor de los casos, una interpretación creativa de la realidad. En el peor, una apuesta a la amnesia colectiva.

El fenómeno no es nuevo, pero sí recurrente. Funcionarios que convierten la denuncia de la corrupción en deporte olímpico… hasta que alguien prende la luz. Y ahí aparece el verdadero problema: no es la corrupción en sí (que ya es grave), sino la soberbia de creer que nunca les va a tocar.

Porque si algo ha demostrado la política argentina es que el archivo llega. Siempre llega. A veces camina, a veces corre, pero llega con la puntualidad de un impuesto.

Tomemos como ejemplo al hoy jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quien durante meses hizo de la crítica a la corrupción ajena una marca registrada, apuntando con particular entusiasmo a la oposición y en conferencia tras conferencia, el tono canchero, la ironía filosa y el dedo acusador parecían formar parte de una coreografía cuidadosamente ensayada.

El problema —siempre hay uno— es cuando la narrativa se encuentra con la realidad. Y la realidad, como suele ocurrir, no pide permiso.

Ahí es donde entra en juego una vieja frase, que fue muy utilizada por el reconocido Dr. Frank Suárez, quien al final de sus conocidos videos del canal metabolismotv   dice : “porque la verdad siempre triunfa”. Puede tardar, puede demorarse, incluso puede parecer que se perdió… pero termina apareciendo. Y cuando aparece, no suele ser amable.

Entonces, quizás el verdadero déficit no sea ideológico ni moral, sino estratégico. Una falla en la lectura básica del ecosistema político local. Porque en Argentina no hace falta ser honesto para sobrevivir en política —aunque ayudaría—, pero sí es imprescindible ser prudente.

Si vas a criticar la corrupción ajena, al menos tené la delicadeza de no hacerlo con tono sobrador. No por ética, sino por supervivencia. Porque el problema no es lo que decís hoy, sino cómo va a sonar mañana cuando la realidad aflora y miramos hacia atrás .

En criollo: “no escupas para arriba.”

La moraleja, entonces, no apunta a la pureza (que escasea), sino a la inteligencia. Si no podés ser ejemplo, al menos intentá no ser meme. Si no podés ser distinto, al menos evitá ser un “más de lo mismo” con archivo propio.

Porque en este país, donde la memoria es selectiva pero el video es eterno, la verdadera viveza no está en hacerse el canchero… sino en saber cuándo conviene quedarse callado.

 

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