sábado 20 de julio de 2024 - Edición Nº2054

Data | 7 sep 2023

Ranking

¿Cuáles son los sindicalistas con más años en el poder?

Hay dirigentes que llevan décadas al mando de sus sindicatos, supervisando la vida gremial interna y los fondos de sus afiliados. Generalmente, la permanencia de la dirigencia gremial argentina se explica por su cercanía al poder de turno o por su combatividad a gobiernos de signo contrario


Hay dirigentes que llevan décadas al mando de sus sindicatos, supervisando la vida gremial interna y los fondos de sus afiliados. Los mandatos consecutivos producto de elecciones algunas veces son cuestionados y los estatutos internos que, en la práctica, impiden la renovación de los liderazgos. Generalmente, la permanencia de la dirigencia gremial argentina se explica por su cercanía al poder de turno o por su combatividad a gobiernos de signo contrario.

A pesar de ello, muchos sindicalistas representan a las bases, cumplen con su oficio de defender los intereses de los trabajadores y es por ello que son reelegidos una y otra vez. Por otro lado, hay dirigentes que pueden mantenerse en su puesto al ser favorecidos por una legislación que no prohíbe la perpetuidad en los cargos y desalienta la conformación de listas opositoras en las elecciones sindicales, conocido como “el imperio de la lista única”.

En Argentina es más fácil ser candidato a presidente de la Nación que a secretario general de un sindicato debido a las exigencias que establecen algunos estatutos, aprobados por acuerdos políticos entre los partidos mayoritarios.

En esta nota llevaremos a cabo un análisis de la cantidad de años que llevan los titulares de los sindicatos más importantes y los que más tiempo continúan en sus cargos: Hay al menos 19 dirigentes que superaron las dos décadas al frente de sus gremios en forma ininterrumpida, y 33, más de una década.

La permanencia de los sindicalistas es una anomalía en un país que atraviesa por tantos cambios políticos y socioeconómicos a lo largo de las décadas. Hay dirigentes que continúan desde antes del retorno de la democracia.

En general, si los dirigentes gremiales se mantienen en sus cargos es porque los afiliados los votan, pero ¿se pueden presentar otras alternativas y ganar? Habitualmente las estructuras gremiales están preparadas para que siempre gane el oficialismo, y la legislación, además del poder político, lo ampara.

En 1983, apenas asumió, Raúl Alfonsín promovió una ley de reordenamiento sindical que apuntaba a la convocatoria a elecciones en los gremios con la garantía de que las minorías obtendrían un tercio de los cargos en disputa si lograban al menos el 25% de los votos. Aunque se vio frustrado porque el proyecto perdió apenas por un voto en el Senado.

El peronismo le ganó al radicalismo gobernante las elecciones de 1987 y en ese contexto se negoció la sanción de la actual Ley de Asociaciones Sindicales, a la medida del gremialismo. En la adecuación de los estatutos de los sindicatos a la nueva ley, el gobierno alfonsinista aceptó que se incluyeran cláusulas que restringían la democracia interna y le ponían trabas a los opositores.

De dicho contexto provienen estatutos que consagran la llamada “carrera sindical”, la exigencia de contar con una trayectoria en la organización para aspirar a ocupar cargos electivos. En algunos sindicatos, los opositores están obligados a presentar listas en todas las seccionales del país.

Por eso es difícil presentar una lista opositora en un gremio, a pesar de que hay otros motivos que dificultan la alternancia sindical: Uno son los padrones de afiliados inflados, lo que dificulta conseguir los avales para las listas opositoras. Otro, la presencia hegemónica del oficialismo en la junta electoral, que tiene un rol clave para obstaculizar a los rivales. Por último, las trampas lisas y llanas.

En el caso de que algún gobierno decidiera iniciar la democratización sindical necesita exigir que los estatutos se adecuaran a la Constitución. La lógica del poder político hace que los funcionarios privilegien a sindicalistas negociadores lo que suele predominar en los gremialistas de mandatos vitalicios y seguidores del “golpear para negociar”.

El ranking de permanencia al frente de sus sindicatos lo lideran tres dirigentes. El récord lo lleva Domingo Petrecca, del Sindicato Obreros y Empleados de los Cementerios, Cocherías y Crematorios, que tiene 84 años. Elegido en 1973, lleva 50 años como líder de ese gremio.

Sin embargo, no llegan a superar los récords de los 54 años que estuvo Ramón Baldassini al frente de la Federación de Obreros y Empleados de Correos y Telecomunicaciones (FOECYT), desde 1963 hasta 2017, ni los 53 de Enrique Venturini, quien murió en 2012 mientras aún era titular del Sindicato de Electricistas Navales, adonde había asumido en 1959.

Por su parte, el dirigente de los cementerios le sigue Pedro Zambeletti, de la Unión Personal de Pinturas y Afines de la República Argentina (UPFPRA), asumió por primera vez en 1974. A pesar de las denuncias de fraude y violencia, supo mantenerse 49 años como secretario general ininterrumpidamente.

En tercer lugar aparece Jorge Sansat, con 48 años al frente de la Unión Personal Aeronavegación de Entes Privados (UPADEP), ex aliado de Saúl Ubaldini en los años ochenta y luego enrolado en las filas del gastronómico Luis Barrionuevo.

A esos tres dirigentes sindicales le sigue en permanencia Amadeo Genta, del Sindicato Único de Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires (SUTECBA). El octogenario dirigente de los municipales porteños lleva 40 años consecutivos como secretario general. Asumió con el retorno de la democracia, en 1983, y supo negociar con las gestiones porteñas de todos los colores políticos.

Lo sigue Luis Barrionuevo, quien supo perdurar 37 años al frente de la Unión de Trabajadores Gastronómicos de la Argentina. Asumió en 1985 y fue uno de los gestores del acuerdo político-sindical con Raúl Alfonsín que permitió al sindicalista Carlos Alderete asumir como ministro de Trabajo, en 1987.

Rodolfo Daer, líder del Sindicato de Trabajadores de la Alimentación (STIA), lleva 38 años al frente de uno de los principales sindicatos industriales del país: Secretario de Industria y Producción de la central obrera.

Armando Cavalieri luego de 37 años como secretario general del gremio de Comercio. Es uno de los sindicalistas con más cintura política y capacidad de negociación. Es parte del sector sindical más dialoguista, contrario a medidas extremas.

José Luis Lingeri, titular del sindicato de Obras Sanitarias del Gran Buenos Aires y conductor de la CGT entre 2002 y 2003, también acumula 37 años en la cúpula de su gremio. Ingresó en 1985 como secretario general y supo mantenerse tras la privatización y posterior reestatización de la actual AYSA. Ocupa la Secretaría de Acción Social de la CGT, es uno de los mayores expertos del país en el sistema de obras sociales e integra, junto con Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA), el sector independiente.

Por otro lado, Hugo Moyano lleva 36 años como secretario general de Camioneros, y está al frente de la Federación Nacional del sector. Vivió su época de gloria en el primer kirchnerismo con paritarias por encima de la inflación y la incorporación de miles de afiliados. Pero la sintonía se rompió en el segundo mandato de Cristina Kirchner y la CGT se volvió a partir.

Gerardo Martínez, secretario general de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA), lleva la cantidad de 33 años que Rodríguez al frente de su gremio. Está al frente de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CGT y es otro de los sindicalistas que se mantuvo cercano a Alberto Fernández, aunque actualmente está en una postura crítica de la situación económica. Es uno de los dirigentes que tiene mejor relación con el empresariado y con los movimientos sociales.

Andrés Rodríguez fue elegido en la Unión Del Personal Civil de la Nación (UPCN) como secretario general en 1990 y lleva 33 años en el cargo, quien pese a su postura crítica por la inflación, es uno de los dirigentes sindicales que apoya a Alberto Fernández. Desde esa posición, cuestiona la pelea en el oficialismo y su impacto en la gestión.

Por último, Julio Piumato lleva 33 años como secretario general de la Unión de Empleados de la Justicia de la Nación. Estuvo preso en la dictadura y desde 2004 es secretario de Derechos Humanos de la CGT. Además, ocupó una banca de diputado nacional. Conocido como un defensor de que los empleados judiciales no paguen Ganancias, renovó su mandato al frente del gremio más importante de los trabajadores del Poder Judicial de la Nación.

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