martes 27 de septiembre de 2022 - Edición Nº1392

Opinión | 22 sep 2022

La Educación y la Meritocracia, dos pilares de la Libertad

"Lamentablemente, aún en el siglo XXI debemos alzar la voz para explicar que las escuelas son un activo esencial"


Con el péndulo del adoctrinamiento que oscila sobre las cabezas de nuestros niños en aulas de toda la Argentina, la sociedad volvió a volcar -siquiera por unos minutos- su atención en la Educación. Como ocurre de manera habitual con temas que no tocan el bolsillo de forma directa o no afectan ideologías, en poco tiempo el asunto quedará tapado por la dinámica política de un país en constante crisis. Aprovechemos, entonces, este lapsus providencial para enfocar mejor algunas de las problemáticas que enfrenta el sector educativo, y por qué es importante comprender lo indispensable que es para el desarrollo de un país.

Pensarán que resulta innecesario remarcar esto último. No lo es. Lamentablemente, aún en el siglo XXI debemos alzar la voz para explicar que las escuelas son un activo esencial. Recordemos que estuvieron cerradas por más de un año y medio hace apenas unos meses, y que desde el gobierno provincial habilitaron un número de teléfono para denunciar a quienes osaran dar clases. Después de esa calamidad educativa, impulsada desde el Estado, hubo paros y feriados superfluos y carentes de sentido. Otra vez colegios cerrados sin razón. Niños, adolescentes y jóvenes no tuvieron clases justo cuando se requieren personas calificadas para salir del pozo en el que caímos. Mientras tanto, el fondo parece cada vez más lejos.

Todavía no sabemos el grado de deterioro cognitivo que sufrieron los niños en estos últimos dos años, daño que se observaba desde la década del 90’ y que no dejó de crecer. Los chicos terminan el ciclo secundario sin saber leer ni escribir de forma correcta y con graves problemas en comprensión de textos. Es decir, desconocen o presentan falencias en las herramientas fundamentales para su futuro, cualquiera sea la profesión que elijan. Luego ingresan a la Universidad, donde esas carencias se resaltan todavía más. Se frustran, algunos abandonan, otros permanecen, pocos concluyen sus estudios. 

La Educación promueve la competencia sana entre los seres humanos, y aquél que se esfuerza más suele sacar ventaja sobre el resto. La creatividad, la responsabilidad, el pensamiento crítico (borrado como por un decreto de la mayoría de las aulas) y el conocimiento, se imponen con la fuerza del mérito. Éste otorga Libertad a hombres y mujeres, y eso se torna difícil de aceptar para amplios sectores del poder que hoy gobierna el país.

El progreso del ciudadano lo vuelve inmune a la dádiva estatal y lo hace depender de sí mismo, de su esfuerzo, su capacidad y su intelecto. El Estado debería ayudarlo sin inmiscuirse en su individualidad; proveyéndole una educación acorde a los tiempos actuales, con impuestos que le permitan proyectar su futuro y no lo hundan en deudas, con leyes que se cumplan. No se requiere otra cosa.

Pero claro, la libertad de elegir un camino propio no es para cualquiera. Una forma de conseguirlo es a través del trabajo y la capacitación constante, que empieza en la Primaria y termina cuando abandonamos la idea de que el mérito es la autopista que lleva al crecimiento social. 
 

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