sábado 25 de septiembre de 2021 - Edición Nº1025

Opinión | 8 sep 2021

Futuro

El desafío de legislar inteligentemente

Mientras escribo estas líneas, seguramente hay alguien en Argentina con una idea innovadora y creativa para solucionar alguno de los tantos problemas que enfrentamos día a día. Pero muchas veces la rigidez de la normativa en nuestro país, probablemente impida que esa idea se materialice en alguna solución concreta.


El problema está en que el desarrollo tecnológico y la capacidad de adaptación regulatoria de nuevos inventos viajan a velocidades diferentes. Para no frenar o enlentecer el progreso científico, debemos ser capaces de pensar una nueva forma de hacer las leyes. En la era de los teléfonos inteligentes, necesitamos regulaciones inteligentes.

Los desafíos legislativos a la hora de innovar son varios: diseñar políticas con información limitada, redactar normas sin comprender cómo impactarán en el desarrollo de tecnologías, e implementarlas y administrarlas de manera eficiente. Pero frente a estos mismos problemas, otras regiones del mundo han explorado diversas respuestas que nos pueden ser de ayuda.

Por un lado, existe lo que se denomina “sandbox regulatorio” (arenero regulatorio). Son entornos de prueba para procesos de innovación aún no protegidos por una regulación vigente, supervisados por las instituciones regulatorias. Acompaña los ritmos de las empresas más innovadoras, de tal forma que no se las ‘estrangule’ con normas, pero tampoco se relaje la protección de los derechos de los consumidores.

Muchas veces, por incertidumbre o rigidez regulatoria, algunas innovaciones se abandonan en etapas tempranas y nunca son testeadas. En un sandbox, estos productos o servicios podrían manejar el riesgo regulatorio durante la etapa de incubación, antes de introducirlas en el mercado. Países como el Reino Unido, Canadá o Japón cuentan con mecanismos de este estilo para promover la innovación reduciendo los riesgos asociados a la misma.

Muchos otros países han avanzado por el lado de lo que se conoce como “sunset clause” (cláusula de expiración), que implica pensar normativas con una “fecha de vencimiento”. Llegado el mismo, la regulación es evaluada en base a la evidencia generada por la implementación del invento y puede ser renovada como no. Esta manera de pensar la ley permite remover barreras obsoletas al desarrollo tecnológico, permitiendo al legislador reevaluar sus políticas a la luz de la evidencia.

En la misma línea avanza lo que se conoce como “legislación experimental”. Esto implica aplicar ciertas regulaciones a grupos o territorios pequeños, comparar los resultados con otros territorios con una regulación diferente, y tomar decisiones en base a los resultados obtenidos.

Estos son solo algunos ejemplos de las muchas respuestas que distintos lugares del mundo han dado a una realidad propia de nuestra época: la increíble velocidad a la que ocurre el progreso científico.

La innovación es una fuente de oportunidades, pero algunas veces también fuente de riesgos. El desafío consiste en incentivar la capacidad creativa de los científicos y emprendedores, minimizando los efectos secundarios indeseados y previendo los eventuales riesgos asociados al surgimiento de nuevos productos y servicios.

Legislar inteligentemente debe ser nuestra meta. Si queremos revertir el estancamiento en el que nos encontramos desde hace décadas, es imperioso que trabajemos por regulaciones que potencien el proceso creativo e innovador de los argentinos. El mundo avanza rápidamente, y no espera a los rezagados.

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