martes 24 de noviembre de 2020 - Edición Nº720

Opinión | 1 oct 2020

Exclusivo PERIODATA

"Los pobres no llegan a viejos" por Luis Secco

Las políticas de contención social deberían enfocarse primariamente en la población de menor edad, que es donde la incidencia de la pobreza resulta más inquietante.


Según los datos relevados por el INDEC, la pobreza durante el primer semestre de 2020 alcanzó al 30.4% de los hogares y al 40.9% de los habitantes de los aglomerados urbanos encuestados.  Por su parte, el 8.1% y el 10.5% de las personas tienen ingresos por debajo de la línea de indigencia.  

En términos de personas, estamos hablando de 11,680,575 por debajo de la línea de pobreza y 2,995,878 indigentes. Respecto del segundo semestre de 2019, significa un incremento de 5.4 puntos porcentuales y de 1,743,864 personas en el número de pobres relevados por el INDEC.

De la información suministrada por el Organismo, creemos que vale la pena resaltar lo siguiente:
- el 56.3% de los niños entre 0 y 14 años son pobres y un 15.6% son indigentes; 
- ello contrasta fuertemente con los niveles de pobreza del segmento de mayor edad de la población, dónde sólo un 11.4% (de los mayores de 65 años) se encuentra por debajo de la línea de pobreza (y sólo un 1.3% son indigentes);
- De cada 100 pobres, hay 31 que corresponden a la franja de 0-14 años, 29 tienen entre 15 y 29, 36 entre 30 y 64 años, y sólo 3 tienen más de 65 años.  Proporciones similares se dan entre los indigentes.

A partir de esta información caben varias reflexiones.  En primer lugar, resulta bastante evidente que las políticas de contención social deberían enfocarse primariamente en la población de menor edad, que es donde la incidencia de la pobreza resulta más inquietante.  No sólo por la vulnerabilidad a la que son expuestos los niños, sino también por sus consecuencias sobre el futuro. La literatura y la evidencia empírica son muy terminantes respecto de que no hay mejor inversión social que la que se realiza en los primeros años de vida de una persona. 

Asimismo, resulta paradójico el hecho que la mayoría de las voces se alzan en favor de aumentar la atención y el cuidado de nuestros mayores cuando, tal como surge de la información oficial, la incidencia de la indigencia y de la pobreza es muy baja a partir de los 65 años. Claro es probable que el detalle que falta en el análisis es una verdad bastante desagradable: los pobres no llegan a viejos. Un fenómeno que lamentablemente, de no mediar un cambio en el foco y la implementación de políticas de asistencia social adecuadas, yace en la mayoría de los niños que hoy son pobres en la Argentina.

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