El escenario para el consumo masivo en Argentina se vuelve cada vez más restrictivo. De acuerdo con los datos de la consultora Scentia, febrero cerró con una caída del 6,3% respecto de enero, consolidando una contracción acumulada del 2,1% en el primer bimestre del año. La medición interanual también refleja el impacto del ajuste en el bolsillo, con un retroceso del 3,4% en comparación con febrero de 2025.
El informe, que monitorea ventas en supermercados, autoservicios, farmacias y kioscos, revela que ningún formato físico quedó a salvo de la tendencia negativa. El canal de farmacias fue el más golpeado en la comparación mensual, con un desplome del 9,1%, seguido de cerca por los autoservicios independientes (-6,4%) y las grandes cadenas de supermercados (-6,3%).
Rubros en rojo: del ajuste en alimentos al freno en higiene
Al desagregar el comportamiento de las grandes cadenas, el informe muestra que el ajuste de las familias afectó incluso a los productos de primera necesidad. El segmento de “bebidas sin alcohol” lideró las caídas con un estrepitoso -12,3%, seguido por los productos "impulsivos" (-10,3%) y los perecederos (-7,5%).
Incluso rubros críticos como higiene y cosmética (-7%) y alimentación (-2,6%) mostraron variaciones negativas, lo que evidencia que la inflación de los últimos meses ha condicionado severamente el volumen de ventas, obligando a los consumidores a recortar en prácticamente todas las categorías de su canasta básica.
La excepción digital
En medio del retroceso generalizado de los formatos tradicionales y mayoristas, el comercio electrónico logró destacarse como el único canal con crecimiento significativo. Esta dinámica marca una brecha creciente en los hábitos de compra: mientras el self-service físico retrocede por la pérdida de poder adquisitivo y la evolución de los precios, el e-commerce logra captar una porción del mercado que busca ofertas o conveniencia logística, aunque no alcanza para compensar la caída del consumo total en el país.