El ecosistema automotor argentino enfrenta uno de sus desafíos más complejos de la última década. Lo que comenzó como casos aislados de reestructuración, como el cierre de la fabricante de rulemanes SKF o la crisis terminal en la planta de neumáticos FATE, se ha revelado como el síntoma de una parálisis profunda en toda la cadena de suministros.
Según el último informe de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), el sector autopartista registró una caída del 17,7% en su nivel de actividad durante diciembre de 2025. Este retroceso no es un hecho fortuito, sino la consecuencia de una "tormenta perfecta": la apertura de importaciones, el cambio de modelos en las terminales locales y una recesión que no da tregua.
La caída de las terminales arrastra a los proveedores El destino de los fabricantes de piezas está atado indisolublemente al de las terminales automotrices. En ese sentido, los datos de diciembre son elocuentes: la producción local de vehículos se hundió un 30,4% respecto al año anterior. Esta dinámica impactó con especial saña en rubros específicos como el de los neumáticos, que presentó una baja del 39,7%, convirtiéndose en uno de los descensos más severos del período.
Exportaciones en rojo y reconversión global El frente externo tampoco ofrece alivio. Las exportaciones de autopartes experimentaron una merma del 9,5% en relación con el mes previo, afectada por una menor demanda de los mercados regionales, principalmente Brasil.
Desde AFAC advierten que, si bien la reconversión de los proveedores es una tendencia global, en Argentina la coyuntura local —marcada por el encarecimiento de la mano de obra y la materia prima frente a productos importados— acelera un proceso de desgranamiento industrial. Las empresas del sector de reposición (repuestos para autos usados) también enfrentan dificultades, ya que el mercado interno se ha contraído ante la pérdida del poder adquisitivo de los usuarios.
El informe concluye que el sector cierra un año de retracción en casi todos sus indicadores relevantes, dejando a la industria manufacturera vinculada al automóvil en una posición de extrema vulnerabilidad para el inicio de 2026.