La paciencia política y social en Bahía Blanca llegó a su límite. El tramo que comprende el ex Camino Sesquicentenario, una arteria vital que conecta el flujo productivo del país con el puerto de aguas profundas más importante de la Argentina, ha sido calificado como "zona de desastre". Se trata del proyecto Paso Urbano - El Cholo, una obra de ingeniería que prometía resolver nudos viales críticos mediante rotondas en altura, pero que se ha convertido en un monumento a la desidia tras pasar por tres administraciones nacionales sin avances significativos desde 2018.
Frente al actual paradigma del Gobierno Nacional de Javier Milei, que ha suspendido de forma taxativa la inversión en obra pública, la gestión local decidió recoger el guante de la "iniciativa privada". El intendente Federico Susbielles y el presidente del Consorcio de Gestión del Puerto, Santiago Mandolesi Burgos, iniciaron gestiones directas ante Vialidad Nacional para destrabar el sector más destruido: el corredor que va desde la calle Don Bosco hasta el cruce con la Ruta 3.
"La situación es insostenible", sentenció Mandolesi Burgos. La propuesta bahiense es pragmática: si la Nación no invertirá, que permita al Municipio y al Puerto gestionar capitales privados para reiniciar los trabajos. El esquema de financiamiento propuesto prevé que las empresas recuperen la inversión a través de un sistema de concesión y el cobro de peajes dirigidos exclusivamente al transporte de cargas. “No es solo una cuestión de logística; es recuperar la transitabilidad para los miles de bahienses que se mueven a diario entre Cerri y Bahía Blanca”, enfatizó el titular portuario.
El Puerto como motor de soluciones La solvencia del reclamo se apoya en los números: la terminal portuaria viene de batir su récord histórico de movimiento de mercaderías en 2025 y las proyecciones para 2026 son aún más ambiciosas. Sin embargo, este crecimiento choca contra un techo de cristal: una infraestructura de accesos obsoleta y peligrosa. El Puerto ya ha demostrado capacidad de ejecución mediante acuerdos previos con Vialidad, como la reciente finalización del paso a nivel en Grünbein y las mejoras en accesos internos.
A este complejo escenario se suma otro punto de fricción: el puente sobre el Canal Maldonado en la Ruta 3. Destruido por las inundaciones del 7 de marzo del año pasado, hoy solo cuenta con un puente bailey de emergencia que impide el paso de camiones pesados, obligándolos a realizar desvíos por zonas residenciales, lo que acelera el deterioro de la red vial urbana.
La pelota ahora está en el campo de Vialidad Nacional. Bahía Blanca ha presentado un plan que se alinea con el discurso oficialista de la Casa Rosada sobre la gestión privada, pero que nace de una necesidad urgente de autonomía para evitar el colapso de su sistema productivo y social.